Debemos destacar la importancia de un consumo suficiente de agua. Es aconsejable un mínimo de 8 vasos diarios, aunque esta indicación es relativa, ya que los niños, ancianos y embarazadas precisan más hidratación. Además, en verano o cuando se practica ejercicio físico también es aconsejable aumentar la hidratación.
Oficialmente, el agua mineral se clasifica según su contenido mineral o residuo seco, obteniendo tres grupos diferentes de agua mineral: agua de mineralizacion muy débil (su contenido mineral o residuo seco es hasta 50 miligramos por litro), mineralización débil (hasta 500 mg/l) y fuerte (1.500 mg/l de residuo seco). La ventaja de las aguas minerales respecto a las aguas de manantial es que en el agua mineral la cantidad de residuos minerales es constante y podemos elegir qué tipo de agua nos interesa más.
Uno de los estudios más innovadores habla también de las ventajas del agua carbonatada (con gas) sobre las mujeres en etapa menopáusica. Parece ser que consumir agua con gas durante las comidas reduce el riesgo cardiovascular. Otra ventaja del agua con gas o carbonatada es que favorece la digestión y estimulan el apetito.
Otros estudios, se centran en determinar qué tipo de agua es más indicada dependiendo de los casos: el agua sódica (la que cuenta con más de 200mg/l. es la más adecuada en casos de calor extremo o de ejercicio físico intenso.
Cabe destacar la importancia de ingestión de cantidades de agua para evitar los cálculos renales, el consumo continuo de agua facilia al riñón la depuración de los minerales, entre ellos, el más perjudicial para los cálculos: el calcio.
En cuanto a beber agua antes, durante o después de las comidas, hay un dicho muy simple: La idea de que es preferible comer sin beber agua no tiene fundamento científico. Si tienes sed, simplemente, bebe.